Geografia

Enclave

Enclavada en la comarca de Bortziriak o Cinco Villas, Lesaka cuenta con un término municipal de 54,7 Kilómetros.

Al Norte nos encontramos con el mar Cantábrico y  la desembocadura del río Bidasoa, en Hondarribia.

Al Oeste  podemos contemplar grandes masas boscosas junto a Domiko y Pagolleta,  detrás de ellas, encontramos el monte protegido de Artikutza.

Al Suroeste podemos divisar las villas de Arantza e Igantzi, donde se encuentra la Reserva  Natural de San Juan de Xar, un recóndito lugar de leyendas y creencias.

Hacia el sur varios montes y caminos escoltados por coníferas y helechales nos llevan a Sumbilla. 

Dirección sudeste, aunque oculto desde Lesaka, se encuentra el primer parque Natural de Navarra, el Señorío de Bertiz.

Al Este, Etxalar se agolpa entorno a su iglesia. Las cimas que contemplamos en esta dirección son testigos del paso de la Paloma, que todavía en estos días se captura a la manera tradicional, con un sistema de redes.

Al Noroeste, Bera, y detrás de ella, el camino a las Galias.

Lesaka cuenta con 5.486 Hectáreas de las cuales 4711 corresponden a propiedad comunal.

Paisaje

El río Bidasoa, las laderas salpicadas de caseríos y las decenas de camino,  parecen confluir en el centro del valle.

El paisaje Lesakarra es montañoso, cruzado por varios ríos y numerosas regatas, donde nos encontramos con dos embalses: Domiko y San Antón.

El río Bidasoa atraviesa este paisaje silencioso. Mientras que en su orilla derecha, circula la carretera de Pamplona a Irún, a su orilla izquierda, semioculto, los restos del hoy extinto “Tren Txikito”, antiguo Ferrocarril del Bidasoa, y testigo del desarrollo de tantos contrabandos y aventuras.

El río Onín, apenas visible, divide en dos la villa de Lesaka, un casco urbano, forjado por la historia, que te invitamos a conocer.

Flora

La zona objeto de estudio, se sitúa en la zona noroccidental de Navarra entre 600 y 400 metros de altitud.

Según estas características corresponde al piso Colino y esperaríamos encontrar un claro predominio de robledales y fresnales pero en este caso llama la atención que el paisaje se caracterice por la presencia de hayedos.

Pertenecen a la serie cantabroeuskalduna acidófila del haya (Saxifrago hirsutae-Fageto sylvaticae Sigmetum).

En realidad, esta serie de vegetación es propia de zonas montanas (altitudes entre 600-650 y 1600-1700 metros de altitud) pero la elevada pluviosidad de esta región hace que esta serie alcance niveles altitudinales muy bajos, generalmente entre 400-500 metros de altitud; incluso en las vertientes norocidentales de las montañas más cercanas a Guipúzcoa esta serie domina a partir de los 300metros.

La especie dominante de esta serie de vegetación es el haya (Fagus sylvatica).

La elevada talla y el esbelto porte de estos árboles confiere a estos bosques una fisionomía inconfundible: bosque de árboles altos, fresco y oscuro.

El haya, cuando la disponibilidad de agua es suficiente, desplaza a las demás especies debido a su estrategia excluyente que consiste en proyectar una intensa sombra y en adelantar la foliación. Muy raras veces el haya comparte su espacio con otras especies arbóreas como algún roble albar (Quercus petraea), algún abedul (Betula celtiberica) o algún serbal de cazadores (Sorbus aucuparia).
Así mismo, el sotobosque resulta también muy pobre. El estrato arbustivo es raquítico y se halla constituido generalmente por ejemplares dispersos de acebo (llex aquifolium) y de algún espino (Crataegus monogina). El estrato herbáceo es también de escasa cobertura.

Buena parte de los primitivos hayedos han sido talados para ocupar su suelo con repoblaciones de coníferas como el alerce (Larix kaempferi), abeto rojo (Picea abies) o ciprés de Lawson (Chamaecyparis lawsoniana). Este alerce, es procedente de Japón (alerce japonés), y se ha cultivado como árbol forestal sobre todo en Guipúzcoa y en el extremo septentrional de Navarra por encima de los 400 metros de altitud, con resultados desiguales. El abeto rojo se ha utilizado para repoblaciones forestales a altitudes un poco mayores (500 metros), pero en lugares no expuestos a fuertes vientos ya que poseen un somero sistema radical.

El área de distribución natural del ciprés de Lawson se extiende por la costa occidental de Norteamérica, de Oregón a California. Se ha utilizado como especie forestal en repoblaciones, dando lugar a formaciones muy densas que apenas dejan pasar luz.

La desaparición del hayedo acidófilo conlleva la extensión de tipos de vegetación de menor porte entre las que cabe destacar las etapas de orla o prebosque, constituidas básicamente por especies de arbustos como la retama negra (Cytisus scoparius), endrino (Prunus spinosa), espino albar (Crataegus monogina) y zarzamora (Rubus). También aparece el helecho de ala de águila (Pteridium aquilinum), así como abedules (Betula celtibérica) y serval de cazador (Sorbus aucuparia), especialmente en los estadios más próximos a la etapa de bosque maduro.

Es más común la etapa de matorral constituida por brezales-argomales correspondientes en la mayor parte de los casos a la asociación Daboecio-Ulicetum gallii.

Esta formación está compuesta por diversas especies del género Erica (Erica vagans, Erica cinerea y en ocasiones Erica tetralix y Erica ciliaris) así como por otras especies como la Daboecia cantábrica, la brecina (Caluna vulgaris) o el arándano (Vaccinum mirtillus). Completando esta asociación, junto a estas ericáceas encontramos tojos (Ulex europaeus y Ulex gallii ), Lithodora prostrata, Agrostis curtisii y Pseudarrhenatherum longifolium.

En algunas ocasiones, el pastoreo intensivo combinado con el uso del fuego puede conducir a la instalación de un pastizal denso y de corta talla dominado por especies de gramíneas como Danthonia decumbens, Festuca nigra subsp. micropylla, Agrostis capillaris y a veces incluso Nardus stricta.

Esta pradera constituye la etapa más buscada por el hombre ya que puede sustentar durante el verano a buena parte del ganado lanar y caballar que habita en estas comarcas.

Este pastizal es no obstante costoso de mantener a causa principalmente de las intensas lluvias que provocan una fuerte lixiviación de las bases y acidificación del suelo, lo que favorece de forma natural el desarrollo del estadío de brezal-argomal.

En las mismas condiciones (suelos pobres en bases, ombroclima húmedo o hiperhúmedo y sequía estival inexistente) que en la serie anterior (serie cántabroeuskalduna acidófila del haya), pero a altitudes inferiores, se encuentra la serie colina acidófila húmedo-hiperhúmeda cántabro-euskalduna del roble.

Está constituida principalmente por el roble (Quercus robur) y esporádicamente aparecen otros árboles como el abedul (Betula celtibérica), el mostajo (Sorbus aria) o el serbal de cazadores (Sorbus aucuparia) o el melojo (Quercus pyrenaica).

Estos bosque dan lugar a un nivel inferior mucho más tupido con abundancia de plantas herbáceas, helechos y matas de pequeña talla (brezos), pero la elevada pluviometria de la zona de Agiña hace que esta serie se vea desplazada por el haya a cotas más bajas de lo habitual, quedando fuera del área objeto de estudio.

Fauna

Los animales más llamativos de la zona son las aves y entre ellas cabe destacar la habitual presencia de buitre leonado (Gyps fulvus) sobrevolando la zona o posados en el saliente de rocas situado bajo la cumbre de Agiña.

En este lugar pueden observarse grandes grupos (ya que es una especie gregaria) plácidamente al sol durante horas o con las alas desplegadas para secarlas después de una tormenta.

Es un animal que llama mucho la atención debido a su gran tamaño (puede alcanzar entre 230 y 265 centímetros de envergadura) y porque debido a su alta tolerancia hacia el hombre le lleva a acercarse mucho a lugares bastante transitados. Anida en salientes de acantilados.

Es muy probable que los buitres avistados en Agiña pertenezcan a la colonia nidificante en el cercano monte de Peñas de Aia, aunque pueden proceder de otros lugares ya que hay otra importante colonia nidificante en Baztán y pueden alejarse hasta 100 kilómetros de su zona de cría en busca de carroña.

También es frecuente la presencia de otras rapaces como el ratonero común (Buteo buteo), milano real (Milvus milvus).

Estas rapaces diurnas son aves de gran tamaño (aunque menores que los buitres) y por lo tanto fáciles de ver pero debido a la gran distancia y el breve instante en el que se observan (casi siempre en vuelo), son difíciles de distinguir si no se está acostumbrado.

También es muy frecuente la presencia de córvidos como la corneja (Corvus corone corone) y el cuervo (Corvus corax).

Son dos especies muy parecidas y para distinguirlas nos fijaremos sobre todo en la diferencia de tamaño (el cuervo es mayor) y en la forma de la cola ya que el cuervo la tiene cuneiforme (forma de rombo).

Además de rapaces, hay una gran variedad de pájaros de pequeño tamaño.

Es muy frecuente el avistamiento de pinzones (Fringilla coelebs), trepador azul (Silta europaea), carboneros (Parus tarabillas (Saxicola torcuata),los tres primeros son frecuentes en las zonas de bosque. Las tarabillas en cambio son más comunes en zonas más o menos abiertas con algo de cobertura vegetal y oteaderos por lo que se ve muy fácilmente en el alto de Agiña.

Otro grupo que llama mucho la atención es la formada por vencejos (Apus apus), golondrinas (Hirundo rustica) y aviones (Delichon urbica).

Son especies estivales, es decir que las encontramos en verano.

Lo que más llama la atención es que suelen estar cazando incesantemente insectos por lo que si nos paramos un momento en Agiña nos sobrevolarán una y otra vez, a veces a muy poca altura sobre el suelo.

Otro pájaro muy llamativo de la zona es el pico picapinos (Dendrocopos major). Es muy conocido (su nombre común es picatroncos o tokilo) debido en parte a su relativa abundancia pero también a su vistoso plumaje blanco negro y rojo que lo hace muy llamativo tanto en vuelo como posado.

En primavera es fácil oír los tamborileos rápidos y cortos que emite al golpear los troncos de los árboles. 

Clima

El clima al que pertenece esta zona es el clima oceánico también llamado templado húmedo.

Éste clima ocupa el norte de la Península Ibérica, es decir, las comunidades de Galicia, principado de Asturias, Cantabria, País Vasco, Norte de Navarra y diversas zonas del pirineo aragonés y catalán.

Una de sus principales características es la alta pluviosidad, con precipitaciones repartidas a lo largo del año.

Suele darse un máximo en invierno y un mínimo relativo en verano, este último debido a la acción del anticiclón de las azores, desplazado al norte.

Las lluvias caen de forma suave, lo que favorece su filtración en el suelo.

Las temperaturas son suaves y la amplitud térmica baja (menos de 15 ºC), aunque hay diferencias entre la costa y el interior.

Los veranos son frescos y los inviernos templados, pero hacia el interior al disminuir la influencia marítima, la temperatura del invierno es más fría.

Refiriéndonos concretamente al clima oceánico en los valles Cantábricos, donde se sitúa nuestra área de estudio al norte de Navarra, éste se caracteriza por ser un clima suave y lluvioso debido primordialmente a tres razones: la proximidad al mar Cantábrico, la situación en altura cercana al mar y la mayor exposición a las situaciones lluviosas. Teniendo en cuenta las estaciones del año las características principales de cada una de ellas son las siguientes:

La primavera no suele aparecer de un modo brusco sino que alternan días rigurosos y moderados.

Se dan retrocesos de frío (días parecidos a los de invierno) y golpes de calor (días parecidos a los de verano). Esta zona es de los lugares más templados de Navarra en primavera.

El verano es de los más suaves de la comunidad, aunque el grado de humedad en algunos días reduce el bienestar.

El otoño es una estación puente entre el verano y el invierno.

El paso del verano al otoño no se hace de un modo gradual, sino que se dan avances y retrocesos, como pasaba en primavera.

El descenso de las temperaturas que experimenta el otoño con respecto al verano no es tan pronunciado como el paso de otras estaciones.

Entrado el otoño se sucede la alternancia de jornadas soleadas sin lluvias, denominadas veranillos, con días lluviosos originados por el paso de borrascas del frente polar.

El invierno es el más templado de Navarra con el frío nocturno de menor intensidad y con menos heladas que en otras zonas de Navarra.

 Es la estación más lluviosa, seguida de primavera y otoño que también son muy lluviosas.

Durante todo el año el chirimiri y la borrasquilla están presentes en numerosas jornadas. Siendo uno de los lugares más lluviosos de Navarra las precipitaciones oscilan entre 1200 milímetrosy 2500 milímetros aproximadamente.

En cuanto a la temperatura, la oscilación térmica del año es baja con 14 ºC de temperatura media anual.